- Cuéntame otra vez la historia abuelo. Dijo Martina mientras colaboraba en la recogida de la vela mayor a su abuelo.
El abuelo frunció el ceño, aunque ya sus arrugas lo hacían casi siempre por él, y le dijo a su nieta.
- Querida Martina, te he contado esa historia millones de veces, anda dame ese cabo.
La mar estaba en calma, y el abuelo no pudo evitar ver en el reflejo de aquellas aguas el rostro de su gran amor.
- Anda abuelo por favor, cuéntame.
El abuelo se sentó en la proa de su barco y le hizo un gesto a Martina para que ella hiciese lo mismo. Así los dos sentados y contemplando aquella puesta de sol comienza esta historia.
Yo no sabía decir ni aún hoy con exactitud que tipo de amor fue el de Marie y el de mi abuelo.
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